Para algunos, Twitter es información en tiempo real, actualidad, cotilleo, entretenimiento... pero para otros, entre los que se incluye este humilde firmante, Twitter también es un conducto de ventilación, un respiradero, una vía de escape en la que soltar toda la mierda que se va amontonando en la cabeza.
Tengo veintiocho años, demasiados como para no pensar en nada, y muy pocos como para visitar la consulta de un psicólogo. Twitter me ofrece la oportunidad de desahogarme, de gritar al mundo sin tener que abrir la boca, de exponer pensamientos sin necesidad de mostrarme, de protestar sin tener que esconderme, de amar sin sufrir o de llorar sin que me vean.
Pero Twitter también es ego, envidia, hijoputismo, hipocresía, y sobre todo, hambre de poder, un poder vacío, absurdo e inexistente. Una continua lucha por amasar fortuna en forma de números, por ser el eterno centro de atención, por ser el ombligo del mundo cibernético. Es el Yin y el Yang, es el león y el cordero, la morfina y el enfermo.
De cada uno depende ser presa o ser cazador, yo, de momento, prefiero apoyar las manos en el rifle y mirar.
Como bien dijo G.B. Shaw, 'El hombre puede trepar a las cumbres más altas, pero no puede permanecer allí mucho tiempo'.
@DiegoCarneado