sábado, 6 de abril de 2013

MicroRelato III





Las palabras llegaron frías y sin alma, como el estoque de un torero. A ella le gustaba bailar, tal vez por eso él nunca supo seguir sus pasos. Él soñaba con finales felices, ella buscaba otro príncipe para su final. Ella se fue, seguía allí pero se fue. Él juró no volver a enamorarse jamás.


                                                           MicroRelato III - @DiegoCarneado



viernes, 15 de marzo de 2013

MicroRelato II






Hacía tiempo que su olor bañaba otras sábanas, que otras manos recorrían la turbia autopista de sus caderas. Hacía tiempo que otros labios callaban sus miedos, pero sus tacones seguían marcando el ritmo de mis latidos.



#MicroRelato II — @DiegoCarneado

viernes, 22 de febrero de 2013

MicroRelato I



Y allí, sobre la cruz del blanco mármol, confundiéndose lágrimas y lluvia, juró no volver a enamorarse jamás.

#MicroRelato I — @DiegoCarneado

martes, 12 de febrero de 2013

Ella.




La vi al final de la barra, allí donde se esconden las malas compañías, donde alguien como yo encuentra las mejores. Estaba jodida y radiante, pidiendo un Martini y un rescate, envuelta en una nube de humo y perdición. Lucía un vestido negro ceñido, que marcaba cada golpe de amores anteriores, que transparentaba carne y sufrimiento. Se llevaba un cigarro a los labios, uno tras otro, tragando humo y vida, anhelando el recuerdo de un tiempo en el que los hombres eran hombres y las mujeres eran princesas.

Tenía los ojos azules y la mirada rendida. Tenía el infierno en las pupilas y los labios cansados. Tenía la espalda sembrada de lunares, y alguna cicatriz recuerdo de antiguos amantes. Tenía eso que tienen esas mujeres que llevan muertas varios años, esperando que el diablo venga a recogerlas.

Soñaba con mentiras, con quimeras, con relojes de arena que nunca acababan. Soñaba con amores eternos, con niños corriendo en un jardín. Soñaba con no salir nunca de aquel bar, y que el negro añil del cielo la devorase para siempre.


@DiegoCarneado



lunes, 4 de febrero de 2013

Conversaciones.


—El gélido tacto del mármol en la espalda. La hoja de un cuchillo atravesando mis entrañas, desgarrando carne y alma. El sabor del óxido en los labios, como al chupar la sangre de un dedo. ¿Conoces esa sensación de frío que te recorre la nuca, igual que miles de pequeños jinetes cabalgando a lomos de caballos de hielo? El azote del destino. Un destino brutal e implacable, sin piedad ni relojes de arena, ajeno a finales felices. Es la furia de Afrodita, es la efímera libertad de un preso, que saborea el cielo antes de volver a la oscuridad de su celda. Es la esperanza, vestida con sus mejores galas, ofreciendo una mano que se deshace al tocar. Es un poeta en el parque, sin tinta ni musas. Es ese ardor en la boca del estómago, que quema y que mata.

—Y eso es para ti el amor.

—Esa es mi experiencia.




domingo, 3 de febrero de 2013

Ambiciones.




(...) No conocíamos a pintores ni a escritores, no frecuentábamos cócteles ni presentaciones de libros, pero es probable que nos gustara imaginarnos como dos bohemios en una época en la que ya no existían los bohemios, o como dos temibles kamikazes dispuestos a estrellarse alegremente contra la realidad. Lo cierto es que no éramos más que dos provincianos arrogantes perdidos en la capital, que estábamos solos y furiosos y que el único sacrificio que por nada del mundo nos sentíamos capaces de realizar era el de volver a casa, porque eso equivalía a renunciar a los sueños de triunfo que habíamos acariciado desde siempre. Éramos brutalmente ambiciosos, aspirábamos a fracasar. Pero no a fracasar sin más ni más y de cualquier manera, aspirábamos a fracasar de una forma total, radical y absoluta. Era nuestra forma de aspirar al éxito.

('La velocidad de la luz', Javier Cercas)

viernes, 1 de febrero de 2013

Retales de mi vida I




Allá por el año 2002, mientras el resto estaban absortos en la entretenida explicación del comienzo de la guerra civil, o la teoría conspiratoria sobre el asesinato del archiduque Francisco Fernando, yo malgastaba las horas y la tinta del bolígrafo en escribir. Mal, pero escribir, al fin y al cabo. Permítanme trasladar aquí uno de esos pequeños apuntes que realicé, tomando como hoja de calco una canción del maestro Sabina. Disculpen las molestias.


Este niño ya no escupe sus temores
este hilo ya no tiene qué pescar
este poeta ya no entiende de amores
este perro ya se cansó de ladrar

Estos besos ya no esconden cicatrices
esta estatua ya perdió su libertad
este árbol necesita de echar raíces
este Judas ya no peca de maldad

Esta copa ya no guía mi camino
este lápiz ya no quiere recordar 
este muerto se cansó de tanto pino
estos labios ya no quieren besar más

Este cura, se fugó con Satanás.


@DiegoCarneado