Las palabras llegaron frías y sin alma, como el estoque de un torero. A ella le gustaba bailar, tal vez por eso él nunca supo seguir sus pasos. Él soñaba con finales felices, ella buscaba otro príncipe para su final. Ella se fue, seguía allí pero se fue. Él juró no volver a enamorarse jamás.
MicroRelato III - @DiegoCarneado

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