martes, 12 de febrero de 2013

Ella.




La vi al final de la barra, allí donde se esconden las malas compañías, donde alguien como yo encuentra las mejores. Estaba jodida y radiante, pidiendo un Martini y un rescate, envuelta en una nube de humo y perdición. Lucía un vestido negro ceñido, que marcaba cada golpe de amores anteriores, que transparentaba carne y sufrimiento. Se llevaba un cigarro a los labios, uno tras otro, tragando humo y vida, anhelando el recuerdo de un tiempo en el que los hombres eran hombres y las mujeres eran princesas.

Tenía los ojos azules y la mirada rendida. Tenía el infierno en las pupilas y los labios cansados. Tenía la espalda sembrada de lunares, y alguna cicatriz recuerdo de antiguos amantes. Tenía eso que tienen esas mujeres que llevan muertas varios años, esperando que el diablo venga a recogerlas.

Soñaba con mentiras, con quimeras, con relojes de arena que nunca acababan. Soñaba con amores eternos, con niños corriendo en un jardín. Soñaba con no salir nunca de aquel bar, y que el negro añil del cielo la devorase para siempre.


@DiegoCarneado



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